
Todos queremos ser amados con amor incondicional, eterno -un amor que va más allá de la belleza, la inteligencia, y cualquier otra cualidad superficial. Queremos ser amados simplemente porque SOMOS. Todos tenemos una tendencia natural, innata a compartir nuestro amor con otros. Esta preocupación por el amor surge en realidad porque somos seres eternos, amorosos, cuyas almas están repletas de conocimiento y dicha. Aunque en esta encarnación física estamos temporalmente cubiertos por energía material, nuestra naturaleza es divina, y estamos siempre en busca del amor venturoso del reino espiritual donde yace nuestra verdadera realización. Pero siempre algo parece salir mal. A pesar de nuestra constante búsqueda, generalmente sentimos desilusión, encontrándonos con que nuestra experiencia de amor es temporaria. Aunque podremos haber intentado y fracasado en una variedad de relaciones, persistimos en creer que la persona adecuada está allí en alguna parte. Por algún motivo misterioso, parecería que nunca estamos en el lugar apropiado en el momento apropiado. Muchísimas personas hoy en el mundo jamás se han sentido verdaderamente amadas. No tienen idea qué es realmente el amor, sin embargo el amor es un anhelo muy grande. En realidad, en las relaciones cotidianas, el término amor ha adquirido un significado demasiado vago y hasta podría indicar algo muy distinto, como control o necesidad. Por ejemplo, la noción de amor es demasiado a menudo reducida a un mero intercambio físico o a un proceso de intentar obtener gratificación de otro. Esto no es amor. El problema surge porque buscamos respuestas en los lugares inadecuados.

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